miércoles, marzo 28, 2007

Historia de un viaje


Hora de salida: 16:45
Asiento 22

Tomo mi lugar y miro por la ventana. Está lleno de personas con maletas, bolsos, mochilas, bolsas, cajas, etc. Todo tipo de equipajes…viajarán al igual que yo.

Miro con mayor detención y me percato de los que llamaré “quedantes”, aquellas personas que llegan a despedirse, a desear buen viaje, o que esperan a alguien que ya emprendió un viaje en otro lado y lo finaliza aquí. En definitiva, son quienes se despiden o esperan a alguien. Son los que se quedan.

A mi lado no se ha sentado nadie aún; es probable que viaje sin compañía. No me molesta de ninguna forma, considero los viajes como un momento en que puedes reflexionar de muchas cosas y me resultan molestas las interrupciones cuando puedo pensar tranquilamente.

El bus parte. Mis expectativas con respecto al viaje no son muchas, sólo tengo ansias de llegar a mi destino.

Viajar es una forma reducida de la vida. Muchos dicen que la vida es el gran viaje; concuerdo plenamente con eso. Cuando subo al autobús es como nacer: me espera un largo camino que, aunque espero sea tranquilo y como lo he programado, puede que ocurran muchas cosas que escapen a mi control. Pienso que la llegada al destino, sin embargo, no es como la muerte; en el caso del arribo comienza una nueva travesía de la cual yo tengo pleno conocimiento o una idea bastante aproximada al menos, y es ésta idea que se tiene de lo que vendrá, lo que no se asemeja a la muerte.

Sigo mirando por la ventana. Pienso muchas cosas y en ocasiones admiro el paisaje. Me gusta mucho contemplar el verdor que sólo en el sur adquiere el pasto gracias a la lluvia impetuosa, que no diferencia ni a hombres, ni a animales, ni a plantas: cae sobre todos por igual.

Nadie se sentó junto a mí, me agrada esta soledad regalada. En la vida cotidiana no tenemos muchos momentos en los que pudiéramos reflexionar y sentarnos a pensar en las cosas simples o complicadas de la vida. Cada momento es necesariamente aprovechado al máximo, no nos permitimos momentos en los que creemos no hacemos nada, sin embargo no nos damos cuenta de lo equivocados que estamos. Aun en estos momentos, estamos haciendo algo: respiramos, vivimos. Nada productivo dirán ustedes, pero qué más productivo que meditar acerca de lo que hemos construido, por ejemplo, en nuestras vidas, o especular sobre lo que vendrá para nosotros. Estos momentos de reflexión son necesarios para toda vida.

El calor agradable y el movimiento casi imperceptible del autobús me relajan. Dormir un momento pudiera ser una posibilidad, pero al mirar por la ventana comienzo a ver grupos de casas no muy separados. Comienza la zona urbana, me acerco a mi destino.

Noto que ha crecido desde la última vez que vine. Muchas cosas están irreconocibles o no forman parte de mis recuerdos simplemente. Es una ciudad que ha crecido desde la última vez que nos topamos, igual que yo.

Llego al Terminal de buses. Diviso a los “quedantes” con su trajín habitual: muchos se pasean impacientes, otros fuman, otros lloran, otros se abrazan con los que llegan o se van y hay algunos que agitan sus brazos en señal de despedida para alguien que sólo sus ojos ven.

Ya es hora de bajarse. Me paro. Saco mi bolso de la parte superior de mi asiento. Camino por el pasillo. Me bajo del autobús. Camino. Abrazo a mi “quedante”. Llegué a mi destino.

2 comentarios:

Rudy dijo...

Te
Espero

Siempre
En
El
Mismo
Lugar

Un
Beso
Enorme

Te
Amo
Muchisimo

®udY!

Dias mágicos!!! Jueves sorprendentes!!! Despedidas tristes!!! Ganas de verte!!!

Conciencia Personal dijo...

Siempre he viajado, desde niña a lo que soy hoy. Viajando me atrevo a soñar y en esos sueños logro ver lo que fue puede volver a ser.

Besos niña bonita.

Monique.